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Arte y Cultura

Vulgaridad y Belleza, una excentricidad olvidada

By on julio 10th, 2017

Hace ocho días dejamos caer el hilo de nuestra continuidad en un terreno que es poco amable para aquellos espíritus que dedican su vida al oficio de escribir, y es ese siniestro terreno del olvido, cuando sin importar qué tan genial pudiera haber sido su estela creativa, la modernidad y sus afanes se encargan de relegar a ciertos escritores a una especie de limbo donde sólo son recordados por cada vez menos personas.

Están perdiendo esa inmortalidad que conlleva toda creación artística y que, sin importar cuál sea tu idea de lo que pasa una vez te embarcas en el viaje final, es de las pocas formas tangibles de mantenerse de alguna forma, intacto, a través del tiempo. Enrique Jardiel Poncela y su obra – que alterna entre teatro, novela, cuento – sufrieron en el ocaso de su existencia un destierro a esa región de olvido que mencioné antes, en donde murió enfermo, olvidado y en la completa inopia. Es por eso que hoy te traigo a colación este nombre y una obra en particular, cuyo título ya entra marcando una diferencia: Para Leer Mientras Sube el Ascensor.

para leerEn este libro nuestro querido y olvidado dramaturgo español nos invita a ser partícipes y testigos de su genial juego literario. Desde pequeños glosarios con definiciones tan particulares como la del amor – al que define como: “Sistema de espejos colocados de tal manera que, estando solos, nos parece que estamos acompañados” – llegando a escritos que representan una verdadera muestra de talento y genialidad, hago referencia por supuesto a dos cuentos en los que el autor se plantea el reto de escribirlos sin usar, en uno la letra A, y en el otro, la letra E, que como dato curioso, son las vocales que más se encuentran presentes en la estructura de nuestro lenguaje.

El humor quizás sea lo que más sobresale en la obra de Enrique, y no es de extrañar, su fórmula es un cóctel bastante original entre humor absurdo y una tajante intelectualización del mismo, entonces nos encontramos con un nuevo nivel de humor, que invita a conocer qué tanto podemos jugar con nuestro idioma, con nuestra lógica, con nuestros absurdos. Reconozcamos la obra de ese también caballero olvidado que hizo trizas todas esas formas tradicionales del humor, que no fue aceptado completamente por la crítica de su época y que pudiera – ojalá no pase eso contigo amigo lector- no llenar completamente las expectativas de ojos más contemporáneos, y que sin embargo merece la oportunidad de ser recordado, releído, re explorado, en ese estilo que marcó una novedad y que funde infinidad de veces, belleza con vulgaridad.

Ahí lo tienes, otro caballero, el señor Enrique Jardiel Poncela, esperando paciente en el polvoriento anaquel de alguna librería del centro, a ser revivido, a que vuelva a los labios de alguien y su nombre y su excentricidad sean recordadas una vez más, un intento más por no dejar que esa nada, ese olvido consuma todo aquello que nos brinda alegrías literarias.

Daniel Claros

jadafeclar@gmail.com

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