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Arte y Cultura

LOS POETAS MALDITOS Y SUS HIJOS CRIOLLOS

By on septiembre 18th, 2017

Cuando el escritor por fin se decide (¿es de verdad una decisión? ¿O nuestra misma condición humana nos compele a ello?) A representar de alguna forma la vida, a emular esa realidad que nos agobia a todos en algún punto de nuestra existencia, que se aferra a nuestros hombros y cuya imitación se vislumbra como la única salida al descontento, como lo único que dará luz al pesar, a la diaria existencia; debe estar preparado para darse cuenta que el sufrimiento en el imaginario es lo único que le da vida, es lo que la alimenta y que esa hambre no es fácil de saciar.

La gente no quiere leer sobre un tipo al que todos los deseos se le cumplen, todo le sale bien y no ve en su horizonte el más mínimo conato de infelicidad o turbación alguna. No ocurre con todas las demás formas de expresión que el hombre ha descubierto a lo largo de su historia y que ha decidido catalogar como “arte”. Podemos fácilmente encontrar felicidad y alegría traducida en el idioma estático de la arquitectura, en las pinturas, escultura, en la mismísima música que siempre anda inquieta y fluctuante, pero no en la literatura.

Debe entonces el escritor deambular por los caminos del imaginario triste, de ese que la vida parece que simplemente no quisiera darle una oportunidad, que huele a cemento, esclavitud, obligación o como diría el humano más contemporáneo: a producción. De ahí alimenta entonces – dependiendo de su capacidad creativa, claro está – aquella gran maquinaría de ficciones que tanto nos atrae, ya que nos sentimos identificados de alguna manera o anti-manera y nos place ver una representación de que las cosas al final pueden salir bien y a lo mejor mantenerse así por una cantidad razonable de tiempo. Nos hace olvidar por un momento de esa mortalidad inevitable y somos entonces felices (esta fórmula aplica para formas de arte más recientes y un tanto más propensas a la crítica moderna, como televisión). Y es aquí cuando los caminos se bifurcan y algunos escritores pueden retraerse de ese valle oscuro de desazón y volver a sus no-tan-tormentosas-realidades.Pero otros cuentan con destino distinto, son los que no pueden escapar nunca de su funesta realidad y llevan su vida en un vaivén entre este mundo y el mundo oscuro agobiado de esa existencia que nutre y da frutos maravillosos en la literatura, pero desequilibrantes y mortales para su día a día.

Raúl Gómez Jattin Foto de Milciades Arevalo (c) 2Este grupo de escritores se llamaron y se recuerdan como: Los Poetas Malditos. Influenciados por la vida y obra de Poe, y en alusión a un bello poema de Baudelaire, llevaron vidas extenuantes y ávidas de excesos que dejaron su marca en todos y los hicieron víctimas de muertes prematuras en su gran mayoría. Pues bien, acá en Colombia no nos quedamos atrás y hemos sabido contribuir – no tan profusamente como uno pudiera querer – con nuestra cuota de poetas malditos, y uno de esos no es otro que nuestro amigo cereteano: Raúl Gómez Jattin, odiado, envidiado y admirado a escondidas por la academia, relegado al olvido prematuro mucho antes de su muerte que ocurrió un día del quinto mes del año mil novecientos noventa y siete, y máximo representante de nuestra cuota criolla de poetas malditos. Inmenso, imponente a pesar de inopia que lo invadió en sus últimos años, con sus manos descomunales, con su pasado brillante en el teatro de la universidad externado de Bogotá, con su pasado/presente lúgubre en las calles de Bogotá, en los psiquiátricos en las cárceles, pero con un legado poético imposible de ocultar o dejar de admirar.

Su poesía en prosa alcanza una musicalidad tal, que hasta el mejor verso elaborado sentiría celos, sus conocimientos de historia universal, del mar, de la costa, del alma y condición humana, completamente impregnado en su totalidad de esa oscuridad y amargura del ser que conoce el lado amargo, perdido y demente de la vida, aquel valle que visita el otro escritor – el sano – para alimentar su creatividad, pero cuenta con pasaje de regreso, el mismo tiquete que el destino le negó a nuestro querido poeta maldito cereteano.

Sólo en sus páginas se conoce la desazón del vivir y del arte hecho calle, frío, amargura, soledad y maldad. Decía alguien que el hombre no debe pensar en su cuerpo y en los excesos a los que lo somete, debe pensar también en su alma, pero si esa alma agobiada pide excesos, entonces debe ser complacida y saciada hasta el fin, y así ha sido.

Daniel Claros

jadafeclar@gmail.com

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4 Comments
  1. Responder

    Mariana Castillo

    agosto 9, 2016

    ooohh Los Poetas Malditos. Que buen articulo,

  2. Responder

    Sandra Urrutia Cortés

    agosto 9, 2016

    “Raúl Gómez Jattin, odiado, envidiado y admirado a escondidas por la academia” el precio de ser uno de nuestros poetas malditos.

  3. Responder

    Leonardo Rodriguez C.

    agosto 9, 2016

    Que buen articulo, al leer sobre este poeta, se logra ver el arte hecho calle.

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