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Arte y Cultura

La Alegría De Leer

By on julio 9th, 2018

¿Recuerdas la primera vez que por iniciativa propia o por sugerencia de un tercero, tomaste la decisión de darle una oportunidad a un libro de ser leído por ti? ¿Recuerdas acaso qué sentiste al tomar el libro en tus manos, acomodarte bien para hacer la lectura más cómoda, y finalmente, como el paracaidista primerizo asomándose tímidamente al vacío, que anticipa lo que será la grandeza de esa realidad contemplada desde la descomunal altura, levantar la tapa y entregarte a ese mundo hasta ahora desconocido, que se escondía tras esos símbolos que te enseñaron en la escuela, y que eran la autopista inmensa por la que recorrían infinitas historias, infinitos personajes, parajes que eran a la vez inimaginables y aplastadoramente vívidos, ingenio, risas, maldad y un largo etcétera que existía mientras esas manos estuvieran en esa posición, y mientras esa tapa estuviera levantada, un mundo cuya entrada estaba permitida únicamente para el que se decidiera a recorrer con sus ojos los susodichos símbolos e ingresar en ese bello maleficio literario.

¿Te lo preguntas alguna vez? Estoy seguro que ese primer autor que nos llamó la atención por la razón que fuera, y los escritores posteriores a ese primer round con la literatura, estarían encantados y ávidos por saber qué impacto tuvo (o tiene), el ejercicio de leer alguna historia, anécdota, fábula en nuestras vidas. Toda la literatura se nutre de eso, sólo vive cuando pasa a través de la realidad del lector, sólo ahí se muestra en su esplendor. No deben ser clásicos de la literatura necesariamente, de hecho, cualquier tipo de lectura o autor mientras cumpla con esa tarea de generarnos la conexión entre inclinación por una lectura, y la acción misma de leer, será suficiente.

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Ya lo decía Borges en uno de sus pocos prólogos (siempre trataba de librarnos de ellos): Lector, disfruta la lectura, de la índole que sea. Ya llegará el momento en que Cervantes o Shakespeare sean dignos de ti, y que tú seas digno de Cervantes o Shakespeare. No forzar el proceso de acercarse a la lectura, simplemente intentar alcanzar el nivel de fascinación que encontramos en nuestra primera lectura. Y es ahí cuando esa autopista vuelve y se nos presenta en  sus múltiples formas. Puede ser poesía, teatro, cuento, novela, ensayo, no importa si son contemporáneos o no, lo que importa es esa licencia que le puedes dar a las letras para que realicen bellos estragos en nuestras cabezas. Y desde todas las perspectivas, ya que puedes por ejemplo identificar el existencialismo y la nostalgia desde los ojos tristes y envejecidos de un emperador romano de nombre Adriano, y cuyas memorias nos sitúan desde su perspectiva, y entonces ya no somos espectadores sino protagonistas de aquella historia de introspección y confrontación con nuestra propia mortalidad. Hablo por supuesto de las Memorias de Adriano, escrita por Marguerite Yourcenar (con excepcional traducción a cargo del señor Cortázar) y un buen ejemplo de relación con la letra escrita desde la perspectiva de la narración en primera persona que es evidente, por ejemplo en este pequeño pasaje: “Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios de evaluar a existencia humana: el estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas”.

Otro vehículo de hermoso chasís que atraviesa por la autopista literaria es aquel donde somos el gran ojo que mira a todo y tod@s y somos testigos vitales en el desarrollo de la historia, estos imaginarios también nos dan los ingredientes para tener un buen encuentro con nosotros mismos. Algo parecido a lo que hace Roberto Arlt en su gran obra: Los Siete Locos, en donde desde ese palco privilegiado de gran espectador que todo lo revive, vemos la desazón en el alma de sus personajes:

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“Erdosaín pensó: – Si tuviera una barca de plata, con velas de oro y remos de marfil, y el océano se volviera de siete colores lisos, y desde la luna una millonaria con las manos me tirara besos, mi tristeza sería la misma.” Son estos los dos vehículos más comunes y usados por la literatura hoy en día y serán los únicos dos que abordemos en esta oportunidad. Quedan por fuera modelos de escritura, formas de interpretar,  un sinfín de emociones guardadas en esos bellos símbolos que conforman nuestro alfabeto, y en el que convergen todo lo que alguna vez hayamos catalogado como conocimiento. Es fácil y sólo  requiere la disposición y la valentía para, como nuestro amigo paracaidista, aventurarse vacío abajo y entregarse a la fantasía.

Daniel Claros

jadafeclar@gmail.com

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1 Comment
  1. Responder

    Clifford Lester

    agosto 2, 2016

    Keep on writing, great job!

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